Estos meses, en 1999, se iniciaba el bombardeo por parte de la OTAN a Yugoslavia.

Como siempre, venimos a aportar luz a las experiencias de mujeres invisibilizadas, en este caso durante los conflictos bélicos.

Al bien hacer jamás le falta premio

Desde un imaginario digno de películas de piratas, las mujeres han sido históricamente consideradas como parte del botín que se le arrebata al enemigo tras conquistarle o vencerle. Como quien se toma una cerveza de afterwork, las mujeres eran consumidas por el enemigo como una forma de gozar el premio, marcar el poder y éxito, y manchar el honor de los hombres vencidos, así como atemorizar, adoctrinar, colonizar y esclavizar.

Costumbres de la guerra, decía Cicerón.

Desde el El Código Lieber en 1863, hasta los Juicios de Nuremberg y Tokio, donde se empezó a dar importancia a este tema, sientan las bases de la legislaciones actuales.

Lamentablemente, tuvimos que sufrir diversos conflictos bélicos como humanidad para incluirla. En los citados juicios de Nuremberg, pese a haber evidencias de la violencia sexual no hubo procesamientos sobre ello. Si ocurrió en los juicios de Tokio, el uso de las violaciones como herramienta para llevar a cabo el genocidio en Ruanda, hasta llegar Yugoslavia.

Concretamente, Yugoslavia supuso por primera vez considerar la violación y agresión sexual como crimen contra la humanidad, a través del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, ya que se reconoció que las mujeres musulmanas y fueron sometidas a violación en grupo sistemática y generalizada, la tortura y esclavitud sexual por soldados, policías y miembros de grupos paramilitares serbios de Bosnia.

Se ha estimado que durante la guerra de Bosnia entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron violadas, Incluso se crearon campos de violación (según el Grupo Tresnjevka de la Mujer más de 35.000 mujeres y niñas) donde a parte de ser un trofeo y una forma de poder, utilizaban las violaciones para, desde una perspectiva patrilineal, crear niños y niñas serbias, haciendo así una limpieza étnica.

La historia interminable

Aquí no se acaba, un buen 24 de marzo empieza la campaña de bombardeo de la OTAN a Yugoslavia, especialmente, se inició en  Belgrado, Priština, Novi Sad y Podgorica.

 Entre 10 y 45 toneladas de bombas con uranio empobrecido fueron vertidos sobre la sociedad civil, causando daños medioambientales y de salud incalculables.

Desde el bombardeo Radio Televisija Srbije, (RTS) (atacar civiles de forma intencionada, y especialmente a la prensa es un crimen de guerra) hasta los asesinatos y violaciones cometidas por la OTAN siguen impunes sin investigaciones oficiales reales. De hecho, las denuncias realizadas se han desestimado.

“Han pasado 10 años y ni la OTAN ni sus Estados miembros han emprendido una investigación pública de estos sucesos”, dijo Sian Jones. Ya en el año 2000, Amnistía Internacional manifestó que las víctimas de las violaciones de derechos cometidas por la OTAN debían obtener resarcimiento. Sin embargo, ni las víctimas del bombardeo de la RTS ni sus familiares han recibido nunca resarcimiento o reparación, por ejemplo en forma de indemnización, a pesar de que se emprendieron procedimientos judiciales en tribunales nacionales serbios y se presentaron demandas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (causas Bankoviæ and others v. Belgium and others y Markovic v. Italy), que las declaró inadmisibles. 

De aquel polvo estos lodos.

Desde que en 2004 comenzaron los juicios por crímenes de guerra en Bosnia y Herzegovina, menos del 1% del número estimado de casos de víctimas ha llegado a los tribunales. Con una ingente cantidad de casos de crímenes de guerra pendientes, los tribunales de todo el país sólo han juzgado 123 casos de violencia sexual.

os tribunales de algunas partes del país tienen un índice elevado de absoluciones y otros imponen condenas reducidas, permitiendo que los perpetradores de crímenes de guerra se libren con sólo pagar una multa.

El trauma psicológico y los problemas físicos sin tratar causados por la violencia sexual podrían impedir que muchas mujeres encuentren trabajo y mantengan su empleo. Por lo general, las víctimas de violación en tiempo de guerra experimentan tasas elevadas de desempleo y pobreza, y constituyen uno de los grupos económicos más vulnerables.

La falta de reparación y de reconocimiento de las múltiples formas de violencia, y en especial de las agresiones sexuales suponen un silencio compartido difícil de romper.

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